Vivir en El Alto en los tiempos de Evo

Marco Alberto Quispe Villca

El Alto es el resultado de diversos escenarios de crisis. La ciudad, institucionalmente se constituye a la par del auge del modelo neoliberal. Una especie de apartheyd a la boliviana, donde eran ubicados los excluidos de La Paz, los trabajadores de las fábricas, los relocalizados mineros y los campesinos que intentaban atreverse ingresar a la CIUDAD, llámese La Paz, en tanto era el sueño de vivir mejor.

El territorio castigado y maltratado por el modelo neoliberal, empujo a sus nuevos vecinos a buscarse la vida, como uno pueda. Muchos hombres merodeando las pocas fábricas, en largas filas para esperar una oportunidad de trabajo, muchas mujeres empedrando las calles a cambio de alimento por trabajo y muchos hijos abandonados bajo llave en las casas, al cuidado del hermano mayor, que es otro niño.

Ante la ausencia del Estado, los mismos alteños tuvieron que inventarse su propio trabajo: vendiendo helados, comida, ropa usada o cualquier otro cachivache que pueda generar algunos pesos. Es en esa lógica que las y los alteños empezaron a constituirse en trabajadores por cuenta propia, en dueños de su propio trabajo y en dueños del territorio.

El Alto hay que entenderlo, desde la condición de ciudad autoconstruida, al estilo de vida de los mismos vecinos, pensada desde muy abajo, desde las peores condiciones de vida.

Por eso mismo existe Octubre de 2003, como limite de la tolerancia a una forma de vida, donde los alteños le demostraron al mundo que es posible cambiar, atreverse a gritar al otro diferente, que las cosas no están bien y que se vayan al carajo…

El Alto de hoy, sigue caminado a su propio ritmo, como un trabajador compulsivo y obsesionado. Ésta actitud, es quizás donde mejor se encuentra con el Presidente Evo: El ser madrugador y trabajador.

La atmósfera del indígena en el poder, es reconocida de lejos por los vecinos, pues ha alimentado la autoestima colectiva de los alteños, de los excluidos históricos y le ha dotado sentido a muchas iniciativas creativas que emergen desde la cotidianidad de El Alto.

Indudablemente, después de Octubre de 2003, El Alto ha cambiado. Los pequeños negocios de sobrevivencia de hace 30 años atrás se han transformado. La gente es más paradora, capaz de mostrarse ante el mundo, que los aymaras que viven en las ciudades son ahora diferentes.

Y eso no significa que es resultado necesariamente de las obras del Estado, es que simplemente se respira aires de tranquilidad, condición suficiente para que los alteños dueños de su propio trabajo, trasciendan más allá del territorio del Ande capaces de hacer negocios con el mundo.

Pero, siempre hay una pero…a El Alto no puedes dejar de mirarlo y admirarlo. Les decía, su historia esta plagada de castigos y flagelaciones y no creo que esté en condiciones de tolerar nuevos desaires y maltratos. Pues no se lo merece, todo su proceso de empoderamiento como territorio no han sido otorgadas, ni regaladas; sino que es resultado de luchas y conquistas sociales bañadas de sangre y dolor.

Tengo el t’inkaso que El Alto de hoy, vive sus mejores tiempos. Todos aspiran hacer Jach’as: Los Mamanis, Huancas, Apazas, Patzis, Quispes, Tancaras, Chirinos, Ninas, Patanas, Chapetones y otros. Simplemente, hay que evitar equivocarse… Apropósito este artículo fue escrito de madrugada.

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